Prejuicios, mentiras y bicicletas

Este ha sido el tema tratado en el último programa «Gente ConBici»:

“…los peores enemigos de la bicicleta en el medio urbano no son los coches sino los prejuicios en contra de su uso” Margot Wallström, ex Comisaria europea de Medio Ambiente.

¿Quién de nosotros en alguna ocasión no ha usado como excusa algunos de los siguientes argumentos para no usar la bicicleta?

Mucha gente cree que el clima es un factor determinante a la hora de dejar la bici en casa.
– ¿Cómo voy a ir en bicicleta si llueve mucho en esta ciudad, si donde vivo hace mucho frío, si el calor del verano es abrasador…?
Al Norte de Europa, donde el uso de la bici está extendidísimo, las condiciones climáticas son más duras que entre nosotros. Llueve en Amsterdam, nieva en Copenhague, se hielan las calles de Gottemburgo o de Berlin y, sin embargo, un importante porcentaje de los desplazamientos dentro de estas ciudades se hacen en bicicleta. Por poner dos ejemplos climatológicamente distantes: con más de 2700 horas de sol al año en Palma de Mallorca, solo un 2% de los desplazamientos se realizan en bici, frente al 15% de Berlín, que tiene 1650 horas de sol anuales.

Ciclistas y bicicletas cuentan con un equipamiento suficiente como para afrontar condiciones climatológicas adversas: desde todo tipo de ropa de agua, hasta frenos de tambor o contrapedal suficientemente fiables con el pavimento y los neumáticos mojados o, en casos extremos, cubiertas de invierno o ruedas para el hielo.

La topografía del terreno, como un elevado desnivel, puede también dificultar el uso de la bici. Nuestra ciudad no es la única ciudad con cuestas. En Salzburgo, por ejemplo, con una topografía tanto o más accidentada que la nuestra, las políticas de planificación urbana y mentalización han hecho aumentar de manera exponencial el número de usuarios de la bici. Existen además, equipamientos urbanos suficientes –tales como ascensores, rampas o escaleras mecánicas, para salvar las pendientes urbanas. No hay que olvidar tampoco que las bicis tienen un sistema de transmisión de cambios que pueden ayudarnos bastante en el pedaleo cuesta arriba y, en último caso, siempre nos queda el recurso de las bicicletas eléctricas.

Si hablamos de distancias, la bicicleta es el mejor vehículo para recorrer a diario distancias entre los cinco y los ocho kilómetros. Su velocidad media en algunas ciudades con problemas de tráfico supera a la de los coches y algunos estudios demuestran que una gran parte de los desplazamientos, incluso en ciudades grandes, se producen dentro de un área inferior a cinco kilómetros. En las áreas metropolitanas donde, además, las redes de transporte público son muy densas, se puede combinar la bici con el transporte público: trenes, metros, tranvías…

Que las bicicletas no tienen la capacidad de carga de un vehículo es evidente. Sin embargo, las pequeñas compras cotidianas pueden muy bien hacerse en bici. Existen en el mercado numerosos modelos de alforjas y cestos para el transporte de objetos personales. Hay sillas para niños suficientemente sólidas seguras. Se ven cada vez más remolques para llevar cómodamente a los pequeños o, simplemente para carga. Los técnicos de algunas empresas realizan las salidas para las reparaciones dentro de los cascos urbanos en bici, los mensajeros en bici son cada vez más demandados y hay una amplia gama de bicis “cargo” equipadas con grandes cestas para la entrega de pedidos a domicilio.

A veces se aduce la mala calidad del aire que se respira yendo en bici. Y parece que no es cierto. Hay estudios que demuestran que los conductores dentro de sus vehículos están expuestos a la misma contaminación que en la calle. Los humos y sus componentes perniciosos se cuelan por todas partes.

Hay otros prejuicios que tienen que ver más con la mentalidad: la cultura de apego al automóvil, por ejemplo. Estas últimas décadas se ha identificado al automóvil como un símbolo de estatus, casi de poder, sobre todo en países que, como España han alcanzado el desarrollo más tarde que los países del entorno. Pero en estos momentos en los que la posesión de un automóvil nos iguala a todos, las diferencias hay que buscarlas en otros aspectos de la calidad de vida: el tiempo que empleo y la manera en la que me desplazo a mi trabajo, la calidad de mi ocio y mi tiempo libre son solo dos ejemplos.

Acabemos con otros prejuicios: la bici no es solo para chicos, ni es para gente joven con una buena condición física. La bici es para todas las edades, los niños pueden andar en bici y las personas mayores también. No necesitamos ponernos un maillot de colores, ni pensar en subir el Toumalet en una contrarreloj contra nosotros mismos. Podemos subirnos a la bici elegantemente vestidos para ir a nuestro trabajo en una oficina o en una escuela. Podemos adecuar el ritmo de las pedaladas a nuestro ritmo y respiración e incluso podemos bajarnos de la bici y empujarla si la pendiente que sea, nos supera. No pasa nada…

Fernando Cerecedo – Ana Sobremazas
(Agradecemos también a Mikel Cadiñanos sus sugerencias sobre la manera de superar algunos prejuicios sobre la bici).

Audio del programa:

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