La bici pública II

Este fue el tema tratado en el programa radiofónico «Gente Con Bici» (Audio del programa del día 13/4/12):

La instalación de sistemas públicos de bicicletas ha hecho este vehículo visible en las ciudades. De ser un vehículo prácticamente inexistente y marginal en nuestras calles ha pasado a tener una presencia significativa, sobre todo en algunas ciudades como Sevilla, Valencia, Bilbao o La Coruña.

Entre los numerosos beneficios indirectos del uso de la bici, tanto pública como privada está la reducción de los costes sanitarios globales. La bicicleta es un ejercicio cardiosaludable y adecuado para todo el mundo. Favorecerá la prevención de algunas enfermedades o males de nuestro tiempo como la obesidad o el estrés, al mismo tiempo que, al mejorar la calidad del aire, reducirá problemas alérgicos y respiratorios vinculados al aire contaminado de nuestras ciudades.

Las infraestructuras para la bicicleta no necesitan de grandes inversiones, al contrario, promover su uso depende n buena parte de la voluntad política de los gobernantes. Una reordenación del tráfico, nuevas ordenanzas de circulación, la creación de zonas 30 o de calles semi-peatonales, son solo ejemplos de algunas propuestas que no conllevan grandes dispendios económicos y que, además tienen la ventaja añadida de redundar en una imagen positiva de la ciudad: la de una ciudad que apuesta por la sostenibilidad y por el medio ambiente, por el bienestar de sus ciudadanos. Una apuesta también por la seguridad, no solo de los ciclistas, sino también de los peatones al disminuir de manera exponencial los accidentes de tráfico en el medio urbano.

Hay que considerar, no obstante algunos puntos débiles susceptibles de mejora. Uno de ellos tiene que ver con la redistribución de las bicis en los distintos puntos de entrega y recogida. En algún caso hay una descompensación entre unos puntos y otros de las ciudades: las partes más altas frente a las partes más bajas o el centro frente a la periferia, lugares donde tienden a acumularse las bicis y saturar las estaciones en detrimento de otras vacías.

En otras ocasiones se trata de un servicio infrautilizado: la oferta es mayor que la demanda, en ocasiones por la estacionalidad de su uso, como en lugares turísticos, sobre todo costeros que multiplican su población en verano. A veces, una mala planificación horaria del servicio, por ejemplo, la oferta solo durante el día en horario limitado, hace que se desaproveche la posibilidad del uso de las bicis públicas.La mala calidad del material que se deteriora rápido o al que no se le hace un mantenimiento correcto acaba por cansar y por disuadir a los usuarios del servicio de bicis públicas.

Los gastos que conlleva la implantación de un sistema de bicis público son también elevados y en estos momentos de crisis económica serán difícilmente abordables por las administraciones municipales. Según datos del último encuentro sobre la bici pública, el coste inicial de cada bici puede estar entre los 2500 y 3000 euros y a ello hay que añadirle los posteriores gastos de mantenimiento de equipos y estaciones, sistemas de gestión, software, puesta al día, gastos causados por vandalismo, como roturas, daños, robos…

La bici pública es solo un paso más en la política de movilidad sostenible, pero no lo es todo. Es necesaria una política global que contemple la educación vial para automovilistas, peatones y ciclistas. La Administración debe comprometerse en políticas que involucren a todos los ciudadanos en la responsabilidad y en el compromiso con la sostenibilidad y el medio ambiente.

Fernando Cerecedo – Ana Sobremazas

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