El Canal de Castilla: ¿el sueño de un proyecto ilustrado?

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Por fin llegó el día tan esperado. Días de preparación, de comunicaciones de llamadas, para preparar concienzudamente una salida muy significativa para todos nosotros: la ruta que recorre el ramal norte del Canal de Castilla: unos cien kilómetros por los caminos de sirga que bordean el canal desde Palencia hasta Alar del Rey. Una ruta cicloturista de dos días, con las alforjas bien dispuestas: tiendas, sacos de dormir, comida…

El tren que tanto nos gusta usar en combinación con la bici como medio de transporte sostenible, nos acerca el sábado al lugar elegido como comienzo del recorrido: la ciudad de Palencia. Llevar las bicis en el tren debería resultar sencillo: el tren dispone de espacios suficientes para el transporte de bicis. Sin embargo esta premisa se ve dificultada por la limitación impuesta por la compañía ferroviaria del número de bicis que puede transportar un convoy –un total de quince-, lo que resulta insuficiente para nuestro grupo y que, además es superada por la realidad, cuando a lo largo del recorrido, numerosos ciclistas suben con sus bicis al tren.

La ruta se plantea en dos etapas de alrededor de cincuenta kilómetros cada una, de sur a norte, haciendo noche en Frómista a mitad del recorrido. Salimos de Santander con una mañana lluviosa y desapacible: no parecía que ya hubiésemos dejado atrás medio mes de junio. Llegamos a Palencia alrededor del mediodía: el buen tiempo pronosticado está ahí. Sol y una suave y agradable brisa nos acompañan a la salida de Palencia para enfilar el Canal.

El Canal de Castilla es uno de los proyectos más importantes y de mayor envergadura de la Ilustración española. El Marqués de la Ensenada impulsó este proyecto con el que ya soñaban los castellanos del siglo XVI: una vía fluvial que sirviera para transportar el trigo de la Meseta hacia los puertos del norte, especialmente hacia el puerto de Santander. Su longitud total supera los doscientos kilómetros en un trazado en forma de “Y” invertida que se corresponden con los tres ramales del Canal: el ramal de Campos, primera fase de la obra, que une Calahorra de Ribas con Medina de Rioseco. En Calahorra de Ribas comienza el ramal del Norte, que llega hasta Alar de Rey y, finalmente, el ramal Sur que une las localidades de Palencia con Valladolid.

La obra comenzó a mediados del siglo XVIII y finalizó, tras numerosas vicisitudes de todo tipo, no solo económicas, sino también políticas, en la segunda mitad del siglo XIX. La inauguración del ferrocarril terminó con el esplendor del Canal de Castilla y derivó su uso hacia el riego y la producción de energía eléctrica.

El Canal representa, entre otras cosas, una manera de articular el espacio. Como una hendidura surca la Tierra de Campos y en sus márgenes se levantan puentes para unir las dos orillas, esclusas para salvar los saltos de agua, casas para los escluseros y otros trabajadores del Canal, molinos harineros, muelle, dársenas, naves y tinglados, así como fábricas e instalaciones industriales diversas.

Enfilamos el camino de sirga hacia Frómista. Paramos en Grijota, donde la “Y” del canal se bifurca. Puentes, esclusas y acueductos, en los que el canal se eleva sobre el suelo, salvando el desnivel del terreno van jalonando nuestro recorrido. Nos llaman la atención las “retenciones”, construcciones para regular y mantener el nivel de agua del Canal, diseñadas para salvar al canal tanto de las crecidas de los ríos y arroyos que lo alimentan como de los fuertes estiajes de los meses secos. Las retenciones aseguran un caudal constante y continuo del canal a través de una serie de presas, embalses, compuertas y aliviaderos.

Frómista se encuentra en la mitad del recorrido. Gracias a la hospitalidad de su alcalde, que nos cede los terrenos de la piscina municipal, podemos pasar la noche, bien alojados con agua, luz e instalaciones sanitarias a nuestro servicio. Fresca y despejada noche castellana en la que podemos deleitarnos contemplando, buscando y nombrando las estrellas: la Osa Mayor y Menor, la Estrella Polar, Betelgeuse, Casiopea, y los millones de otras cuyos nombres no conocemos y que nos dejan casi sin aliento cuando contemplamos el cielo en una noche despejada de primavera como la del sábado.

El Sol nos despierta por la mañana –a algunos antes que a otros…- y después de recoger, enfilamos de nuevo los caminos del Canal. Lameta: Alar del Rey. El día es caluroso y algunos tramos sombreados de la vía nos hacen el pedaleo algo más agradable. Naturaleza también en el entorno del Canal: pájaros de todas las especies nos han acompañado con sus trinos y una variada flora, en la que destacan los cañizos y espadañas. Árboles típicos de ribera: olmos, sauces, álamos y alisos y una riqueza abrumadora de plantas y flores.

En Herrera de Pisuerga donde las aguas del Pisuerga coinciden con las del Canal, hay un centro de interpretación con unos paneles informativos que resumen muy bien todo el conjunto de la obra: un recorrido rápido por el primitivo proyecto, por el paisaje, por la economía y por la historia de la región. En Alar, un pueblo de nueva planta, creado en función del Canal. El muelle nos sirve para refrescar los pies cansados no de caminar, sino de pedalear y las naves y el resto de las instalaciones nos hablan de un sueño que pudo haber sido y no fue: el de continuar el Canal hasta Reinosa, para culminar allí la gran vía fluvial que hiciera posible el despegue económico de la Meseta. Hoy el lugar se ha transformado, sin embargo en un entorno inmensamente rico desde el punto de vista ecológico, del paisaje y de los recursos naturales.

El recorrido nos ha fascinado tanto, que tenemos pendiente para la próxima vez la realización del Ramal de Campos… Todo este recorrido no hubiera sido posible, o hubiera sido bastante más difícil sin la inestimable y generosa colaboración de Edu que se ocupó durante todo el fin de semana de mover toda la intendencia y nuestros efectos personales, yendo de un lado a nuestro encuentro con la furgoneta, atento siempre a nuestras necesidades.

Crónica: Ana Sobremazas

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